Tal vez seas otro más que me pregunte por qué hilvano las palabras, dibujo las miradas y las sonrisas y fotografío los silencios. Te diría que me gusta jugar con los verbos y con el idioma de mi corazón. Quisiera tenerlo solo hecho de curvas rojas, pero la vida y mi vocación de equilibrista se han conjugado para herirlo un poco. Las noches de luna llena y los ocasos anaranjados que se ponen por el oeste de mi ventana siempre me ayudan a que mi vida ruede con alegría mientras se cumplen los ciclos y las sentencias.